jueves, 23 de mayo de 2013

Lo primero que te viene a la mente es...

Este fragmento lo escribí durante un ejercicio del taller literario, en el que teníamos diez minutos como límite y bajo la siguiente consigna:

Escribir la primer palabra que se venga la mente, luego pensar tres palabras más relacionadas. Luego 3 más que no lo estén, y por último, hasta llegar a 11 palabras en total, pensar las restantes.
A esas palabras, incorporarlas en un cuento/relato que puede (o, mejor dicho, debe) ser un completo delirio.

Estas fueron las palabras que salieron de mi mente en ese momento:
1) agua, sed, desierto, mar.
2) macabro, austero, corazón.
3) bombero, perverso, cadencia, muerte.

Les dejo el resultado ^_^
***

Sueño sediento

El agua vino a mí. No porque lo hubiese pedido, claro, sino porque fue tal la sed que sentía que todo mi cuerpo se deshidrató. El desierto era un poroto al lado de lo seca que había quedado mi piel.
«¡Qué suerte que vivo en la costa!», fue un pensamiento que me alcanzó con esperanza. El tema fue que al llegar a ella, observé que el mar ya no estaba.
—¡Qué hijo de puta! ¿Cómo que el mar se fue? —grité con todo el corazón. Fue macabro ver cómo la tierra seca, que se cernía sobre mí, se abría con una cadencia extraña. Era un abismo repleto de llamas en las paredes. Súbitamente, un rostro flamígero se mostró perverso ante mis ojos y sentí cómo la muerte me llamaba con cierto regocijo. Me arrastré como pude, ya que del miedo tropecé y no pude volver a levantarme.
Tuve la suerte de que un bombero pasó por ahí y se acercó. El hombre, sin preguntar, sacó un vaso de su sombrero, lleno de un líquido amarillento, y me lo lanzó a la cara. El cristalino líquido, pese a ser tan austero dada mi condición, apagó las llamas y sentí gran alivio al notar cómo las gotas recorrían todavía mi cara.

Desperté, tirado en la playa, rodeado de botellas y con un perro a mi lado que parecía haber terminado de marcar territorio.

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