miércoles, 10 de julio de 2013

Lo que hace a un sabio

Ejercicio: Galletita de la fortuna
Escribir un relato con la frase que te toque en la galletita de la fortuna china.
Me tocó: “Tres simples zapateros hacen un sabio”.

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Lo que hace a un sabio

—Tres simples zapateros hacen un sabio.
Me dice el chino, y no he podido evitar sonreír. Sabía que habla boludeces, pero que me salga ahora con estos refranes es el colmo. Por supuesto, siempre se veía a sí mismo como alguien superior, altivo, y tenía estas salidas. Pero esta vez no me callé, supe cómo replicar:
—Sí, y tres tristes tigres comen trigo en un trigal; forro.
¡Tomá! Li se queda mudo. Me mira con los ojos bien abiertos. Bueno, eso intenta, hace lo que puede por abrirlos, digamos, y siempre parece que esta dudando de nosotros, estrechando así los párpados. Mi vieja me decía que eran así de nacimiento; pero a mí que no me jodan, estos son más desconfiados que mi tía Petunia. Ah, ¡Petunia! ¡Qué guisos que hacía la vieja! De solo pensarlo se me hace agua la boca. Uh, hablando de boca, ¿cómo habrá salido el partido?
Bueno, este chino me hace perder el tiempo, ahora tengo que esperar para saber si tiene algo que responder.
Nada, sigue pensando.
¡Ahí! Ya está por decir y... No, nada. ¡Qué embole!
—Sí, un...
Eso, ahí viene. ¿Qué me dirá?
—Si un tigre está triste, entonces un sabio sabe qué zapatos comprar.
¡Pah! Es terrible, ¿ahora qué le digo? Siempre con sus ocurrencias, cerrando una lógica más allá de toda comprensión. ¿Vendrá de otro mundo?
Un momento, tiene una falla lo que dijo, a ver si digo que...:
—Con tres tigres, el sabio está triste y los zapateros no tienen comprador.
“Jaque, mate”, añadí. Lo he puesto contra la pared.
El chino transpira, nervioso; mi mente sobrenatural lo ensombrece como un gigante a una hormiga. El fin está cerca.
—El sabio... entonces, va a comprar y... un... tigre...
No puede más, su cabeza tiembla convulsionada. Sufre espasmos, sus ojos lloran lágrimas de sangre. Me alejo, despacio... Unos segundos después explota en mil pedazos; bañándome en sangre verde.
Reacciono.
Wow, esta droga es genial. ¿Cómo se llama? “Fortune Cookies”(1). ¡Genial! Automáticamente me desmayé y desperté al día siguiente con un papelito en mis manos, que llevaba escrito lo siguiente:
“Tres simples zapateros hacen un sabio, pero una galletita puede hacer alucinar”.

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1) Fortune Cookies: son la marca de las galletitas.

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